Las cosas sensoriales que debemos soportar… ven y te doy un caramelo…
¿Como podríamos hacer que las cosas que sentimos se manejaran de una manera que todos estuviéramos tan bien, que nada de lo que ocurra pueda sacarnos de nuestras casillas? …sigue soñando ¿Sabes? he visto como ha cambiado en pocos días, una especie de introevolución, lo he notado en su forma de ser, en su comportamiento, llevando siempre a cuestas su pobre bicicleta, rodando en sentidos opuestos y en sentido figurado. Ante noche después de salir del caffe plaza piano y bajando por la avenida, lo encontré llevándose por delante las flores y los arbustos de la plaza de mayo con una botella en una mano y unas cuantas maldiciones en la otra, me acerque para ayudarlo, ¡si claro!, la vil excusa para saber que le pasaba o para saber si todavía quedaba algo en la botella; solo maldecía y maldecía y en una de sus maldiciones se tropezó y cayó, claro, yo lo ayudé para que no quebrará la botella, estaba llena. Al verme se calmo un poco, él sabe que yo también he pasado por esa calle, por esa mujer, por esa botella, por sus ojos sensuales, ojos que te hacen sentir que todo puede ser muy sublime si la miras con atención. Nos recostamos en la banca y entre palabras recortadas por buen trago; claro era un whiskey malo, pero ¿a quién le importa?, en esos momentos solo queremos desgarrarnos el corazón y tomarlo en las rocas; me contó como en un abrir y cerrar de ojos el quedaba en un letargo, que no sabía qué hacer, entre tantas palabras me confesó lo que había pasado esa noche – todo perfecto, no sé como llegue a su cama, fue extraño – me dice – cuando la vi, supe que era especial, no me importó si era judía o budista, lo que me importó fue lo que me hizo sentir cuando la conocí, ese valor que me dio; solo la encontré en la calle donde todos tarde o temprano pasamos con máscaras de lcd de 13 o 17 pulgadas, la vi como triste y pensé, ¡que bien alguien con quien intercambiar tristezas para encontrar una sonrisa!; todo perfecto, me gustaba compartir con ella, hablamos y hablamos, hablamos hasta cuando íbamos al teatro, no veíamos las escenas sino la película en nuestros ojos, me siento tan bien, ¿sabes? solo Ofelia sabe cómo sentirme, cómo alegrarme en mis días estúpidos grisáceos; pero anoche Lucas, anoche me sentí tan confundido que no sé que diablos hago aquí con esta bicicleta del demonio a cuestas, maldita sea el encanto intelectual de la mujer- lo gritaba a todo pulmón y con chispas de saliva y whiskey, pobre Alex, cayó en la frustrante disyuntiva de enamorase y sufrir ó seguir viviendo en las sombras del amor. –Anoche- me dice, – anoche no sé como pasó, entre tantas palabras, sudor de manos, estúpidas sonrisas y un espacio reducido todo cambió, llegue a ver mis sueños fuera de la botella que solo se desvanecían cuando se terminaba con el último trago; fue tan inesperado, hasta yo no estaba preparado, ni siquiera lo había pensado fielmente, pero ¿quién va a estar preparado? ¿qué se puede hacer teniendo a un lado ese calor de su cuerpo, con ese tono de voz que me vuelve loco? con tan solo escucharla me desarma por completo con todo y mi bicicleta ese acento italiano, ¡Diavoli, perché siete così bella!!.. Lo entregue todo Lucas, recorriendo su cuerpo me olvidé por completo de todas mis preocupaciones, sintiendo cada poro de su alma me volví loco, loco por ella, loco por ese ser que me llena de fuerza para tomar decisiones, con tantas cosas me sentí como el inexperto. Traté de ocultar mis nervios con mis palabras seguras de sí mismas, pero era difficile, mondo difficile, todo perfecto; no importaba una buena cena a la luz de las velas, un buen vino, una ensalada cesar; nada de eso importaba, solo, como vos decís Lucas, “pase lo que pase a tu manera”, no importaba nada más; recorrí su cuerpo, cuerpo frágil y conocedor de sombras, piel tan fina, seda, mis manos torpes con mi lengua tímida y elocuente se peleaban para ser primeras en sentir su calor, su tibio cuerpo en mis manos y unas cuantas sonrisas le daban aderezo a ese momento que se escapaba de la esclavitud del tiempo, la suavidad de sus cabellos azules y mi lengua contándole secretos en su oído; me dejó entregarme a sus manos, a su voluntad, no puedo escapar Lucas, Ofelia me tiene en sus manos; pero esta mañana no sé qué paso, qué hice, algo no estaba bien; un fragmento faltaba, algo no entendía, todo fue tan normal como un día simple cualquiera, y bueno, yo esperaba bombos y platillos, palabras bonitas para no saber de nada, dulces caricias, palabras expresadas en un tierno beso, pero nada, no entendía; pensé que había hecho mal al entrar a su cuerpo y tocar su alma, la sentí tan distante que no pude saber que pasaba, pero recordé su pasado, su tiempo cuando vivía en Córdoba; es algo que no se puede olvidar, ella añora su amor perdido ¡y que cosas! yo quiero encontrar el mío, ¿cómo podemos amar a lo que no nos ama? Yo caería en sus manos una y mil veces, pero de qué me serviría si no tengo el encanto del amar-.
Pero Alex está convencido que no es él si no el destino que le hace una mala jugarreta, verlo en su desesperación de afectividad no es fácil, todos pasamos por eso, cuando lo estaba escuchando sentí su dolor y entre los tragos dejaba ver el gran sentimiento que tiene por Ofelia, y Ofelia, claro, una forma de lo dual con lo complejo. En ese momento Alex levanta la botella y brinda por ella, – ¡Ofelia por vos, por lo que sos! ¿Por qué Ofelia? ¿por qué me dejas caer en lo que no deseo?, quiero aferrarme a tus brazos, a tu olor, embriagarme en vos, de tu esencia mística sexualmente sensorial, vos sos la única que me ayuda a seguir en este mundo carente de amor, pero no voy a mendigar más, solo espero que estés bien y logres entender que no solo el afecto se encuentra en una caja de zapatos lindos y que encuentres a tu viejo soldado, a tu viejo amor de Córdoba que no quieres dejar morir.
SamSalam…
